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Peter Englund: Liberad a Dawit Isaak

Peter Englund: Liberad a Dawit Isaak

Peter EnglundPeter EnglundPeter Englund, secretario permanente de la Academia Sueca para el Premio Nobel de Literatura, se ha sumado a la campaña del Día Mundial de la Libertad de Prensa de WAN-IFRA para destacar la lucha de Dawit Isaak, encarcelado sin cargos hace casi una década en Eritrea y laureado por WAN-IFRA con la Pluma de Oro de la Libertad 2011.  En su ensayo, Peter Englund incide en que el derecho a cuestionar las cosas y a defender una opinión distinta pueden hacer más fuerte a una nación, y que este derecho universal no debe darse por sentado.

 

Hace casi diez años que el periodista y escritor Dawit Isaak fue encarcelado en Eritrea. Y, salvo por un breve lapso de libertad en 2005, ha permanecido encarcelado desde entonces, apresado en agujeros infernales disfrazados de prisión, de los que se cree que existen más de 300 en el país. El trato a los encarcelados es despiadado y la tortura, una práctica habitual. Algunos prisioneros son encerrados en catacumbas, mientras otros son confinados en contenedores de carga sin ventilación que pueden llegar a alcanzar temperaturas de 50 °C. Encadenados literalmente 23 horas al día, sin derecho a recibir visitas o a comunicarse entre sí. Incluso sus guardianes tienen prohibición de hablar con ellos. Algunos de esos lugares de cautiverio son poco más que campos de exterminio a los que se lleva a gente que nunca ha de volver. Para morir, ser enterrado y olvidado.

Eira Eiro, al norte de Asmara, es uno de esos campos de la muerte. Se cree que allí se encuentra, según información reciente, el prisionero número 36: Dawit Isaak. Éste forma parte de un grupo que antes contaba más de treinta personas, de las que quince ya han muerto. Hay razones para temer por la vida de Dawit Isaak, especialmente considerando que padece de diabetes.

Pero, ¿qué crimen cometió el periodista en 2001? En aquel entonces Isaak trabajaba para uno de los periódicos más importantes de Eritrea, informando sobre las reivindicaciones de reforma de un grupo de quince miembros del gobierno. Eso bastó. Nunca hubo un juicio, ni sentencia de un tribunal.

Nos enfrentamos, por tanto, a una doble tragedia.

La tragedia del joven estado de Eritrea, fundado después de más de treinta años de guerra secesionista que culminó en el referéndum de 1993, por el que se proclamó la independencia de Etiopía. Se trata de una nación que ha disfrutado desde hace mucho tiempo del apoyo del Oeste. El hecho de que la nación naciera como resultado de un referéndum fue visto pronto como señal de un prometedor desarrollo hacia una sociedad abierta. Poco queda ya de esa buena voluntad. Eritrea es hoy un país principalmente asociado con el encarcelamiento de intelectuales y disidentes. Es difícil entender cómo los líderes de la nación han conseguido minar tan rápidamente esa base de confianza y aislar a Eritrea del resto del mundo; un país con la necesidad y el potencial de un rápido desarrollo, y en el que un escenario completamente distinto hubiese sido posible. Y aún lo es.

La libertad de expresión como principio existe desde hace siglos. Radica en la idea de que cualquier persona, partiendo del conocimiento innato, tiene el derecho a decidir no sólo sobre su vida sino también sobre la organización de la tierra en la que vive. Se basa asimismo en la sencilla premisa, pero sólo gradualmente manifiesta, de que la duda, cuestionar y disentir no debilitan a una nación —antes bien la refuerzan—. Una lección que nos recuerda la primavera que actualmente vive la democracia en el mundo árabe. La censura tiene un efecto corrosivo que hace tambalear el sistema que debiera proteger. Tarde o temprano, todas las dictaduras caen. Todas, sin excepción.

Y, así como nunca pensamos en el aire que respiramos, es fácil dar por sentado el derecho a la libertad de expresión si nunca se nos ha privado de él. O nunca hemos tenido que pagar un alto precio, como Dawit Isaak. La libertad de expresión es indivisible, también en el sentido de que un individuo no puede esperar disfrutar de un derecho fundamental común del que otros individuos se ven privados: la libertad de expresarse a sí mismo. Y, por extensión, la libertad misma. Son los casos individuales los que ponen a prueba este principio. Liberad a Dawit Isaak.

Fuente: Peter Englund y WAN-IFRA

Para más información, visite la web Free Dawit Isaak

 

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